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Atrévete a sentir y expresar tus emociones

La mañana del jueves, Julia estaba apresurada, el despertador no sonó y aún le quedaba por empacar el refrigerio de sus dos hijos, Martina y Julio; mientras que Pablo, su esposo,  les ponía el uniforme y los peinaba para alcanzar al bus escolar.

En el apuro, Julia golpeó su rodilla en el filo de una silla. Al regreso de Pablo, ella tenía sus mejillas llenas de grandes lágrimas y, con amor, él le preguntó qué le pasaba. Ella respondió: 

– Me he dado un golpe tonto en el filo de la pierna.

Pablo no comprendía, si el dolor era tan leve, por que su esposa lloraba como una niña. Sin voltearlo a ver, Julia continuó:

– Hoy me permitió sacar todo el dolor que guardaba en mi corazón, lloró por todas esos sentimientos aculados. Se me han desbordado todas las emociones. 

Pablo la abrazo dulcemente, la cargó en sus brazos hasta llegar a su dormitorio, se recostó junto a ella en la cama y le acariciaba el cabello. Recordaba con dolor, las veces que juró no separarse ni un momento de Julia, luego de que superó el cáncer, donde le quitaron sus dos senos.  

Julia, al sentir apertura de su esposo, expresó:

-Hoy quiero llorar por todo lo que una vez reprimí, por las veces que peleamos, que te grite, que me ofendiste y por no sentirme suficiente. Muchas veces, me exigía dietas estrictas, pasaba más de 4 horas diarias en el gimnasio, para sentirme bonita. Nunca cumplí mis expectativas, a cambio sentía una gran frustración. Y hoy quiero llorar por lo dura que he sido conmigo misma. 

-Muchas veces, como hoy, sentí que todo se derrumbaba y que no podía con nada, por eso, me permito sentir todo este dolor, para poder ponerme de pie, para pedirte disculpas por escudarme en mi enfermedad y no valorar tu amor. 

Te agradezco, Pablo, por curar mis partes rotas, porque gracias a eso hoy soy mas fuerte, me permito reinventarme y reconstruir mis ilusiones y metas. 

Julia finalizó:

-Somos una pareja fuerte que recibe golpes tontos como los de mi rodilla y fuertes como el de atravesar por un cáncer que casi termina con mi vida. Te agradezco infinitamente por llevar este secreto entre los dos, sin que mis hijos se enteren de ese capítulo tan triste de nuestras vidas.

Pablo se quebró y reconoció que él también había aguantado por mucho tiempo ese dolor. Las palabras de Julia fueron un bálsamo para sanar su alma, para recuperarse y fortalecer sus votos de amor.

Hoy te invito a que, sea cual sea, la situación por la que estás pasando, te atrevas a sentir y a reconocer quien eres. Te invito a que tú misma seas ese Pablo que escucha de manera paciente, gentil y con amor; solo de esa forma podemos sanar y continuar. 

No dejes que un golpe tonto te haga sacar todo el dolor que hay en ti. Dedicate un tiempo para autoconocerte y para brillar por todo lo alto. 

Recuerda que: 

“Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen de las peores formas”. 

(Sigmud Freud)

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