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Aprendizaje en pequeños pasos

Eran las 00:00 de un frío viernes, el llegar a casa era tranquilizador, luego de un largo día de atender llamadas, responder correos, planificar y asistir a reuniones. Al sacarme los tacones rompí en llanto por aguantar tanta presión, pero también lloré intensamente por todo lo que últimamente había aguantado.

Sin haberme dado cuenta había despertado a mi mamá, quien tras la puerta de mi dormitorio temía asustarme y preguntar si algo en particular me había pasado, guardó silencio y se me acercó delicadamente. Sin palabras me abrazó, mientras yo puse mi cabeza sobre sus piernas. Sus cálidas manos acariciaban mi cabello. No sé en qué momento me quedé dormida.

A la mañana siguiente el olor a café y panqueques me despertó. Abrí la puerta y mi madre me miró con una sonrisa cómplice, respondí con una sonrisa en forma de agradecimiento, tome asiento y devore todo lo que había en la mesa. 

Antes de que termine de desayunar mi madre me abordó diciendo:

-Hija, no vamos a vivir para toda la vida.

Al principio no entendí lo que quiso decir y guarde absoluto silencio. Mi madre continuó afirmando.

-Debes aprender a llenar tu vida de pequeños pasos y acciones. 

Sus palabras seguían susurrando en mi cabeza, mientras cortaba los cartuchos de su jardín. Mi mama estaba en una escalera cortando las espinas de unas hermosas rosas rojas. 

 

En la tarde de ese sábado ella había invitado a algunos familiares para hacer un asado y algunos juegos de mesa. Luego de varias horas, limpiar la casa y acostarnos a dormir mi madre me miró con una sonrisa y afirmó:

 

-¿Viste lo bien que la pasaste, dejando de un lado las preocupaciones que te atormentaban? Hoy avanzaste muchos pasos. 

 

Curiosa pregunté:

-¿A qué te refieres con esto mamá? No logro entender lo que has querido decirme. 

 

Mi madre soltó una carcajada:

-Quiero decir que así es la vida hija mía. Nos llenamos la vida de ocupaciones para evadir las responsabilidades sentimentales y luego de un largo tiempo olvidamos que las grandes soluciones vienen de pequeños pasos continuos. Así como cuando eras una niña y te enseñe a caminar. En ese momento quizás tú no podías entender tus logros. Empezaste gateando y al cabo de pocos meses corrías por toda la casa. No has parado de trabajar de lunes a viernes, llegas a casa muy tarde y despiertas temprano para cumplir tus labores, pero no te has dado un respiro para ti, para tu estabilidad emocional. Simplemente haz olvidado que las cosas sencillas son grandes mientras la vives y son valiosas porque no son para siempre, así como nuestra vida. 

Luego de aquella intervención, comprendí cuánta razón tenía mi madre, siempre sensata con la palabra perfecta, en el momento perfecto. La vida se me estaba pasando y yo solo me preocupaba por sentirme productiva, sin entender las emociones que me estaban consumiendo y con las que tanto estaba luchando. A veces es necesario llorar para sacar todo lo que hemos cargado. A veces es necesario llorar para sanar y aceptar que debe salir toodo sentimiento reprimido.

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