El mar estaba inquieto por una torrencial lluvia en medio del Océano. El barco donde viajaba Verónica se desestabilizó, y aunque el agua aún no tocaba su cuerpo. La mezcla de emociones, vértigo, desesperación y ansiedad, le impiden movilizarse, pese a que el peligro era inminente.
En medio de esta confusión un molesto sonido se disparó desde el cielo e hizo que Verónica regrese a su realidad. Eran las 05:30 de la mañana, una llamada desde un número desconocido la despertó de un brinco. El celular se escabulle entre las cobijas, la llamada se pierde. Verónica se sienta al borde de la cama, pone sus tibios pies en el frío piso. Se toma con ambas manos la cabeza y respira profundamente hasta despertarse. Este sueño ha sido reiterativo y nunca hay un bote salvavidas.
Verónica toma el celular entre sus manos, mira la hora y le parece absurdo que alguien tenga tanta urgencia en llamar, sin importar la temprana hora. Se pone de pie, va a la cocina por un poco de agua y se queda mirando aquella pared celeste ya sin retratos de su pequeña sala. Aun piensa en aquel aterrador sueño, suspira y decide empezar su día con una ducha fría, se viste en completo silencio y sale de casa sin haber desayunado.
Cierra la puerta de su casa y se lanza a la fría avenida, donde los ensordecedores sonidos de las bocinas de los autos, el tumulto de gente murmurando y demás bulla, son parte de su cotidianidad. Verónica se pone los audífonos en sus oídos buscando en las estaciones de radio una respuesta a su desesperación, asfixia y ansiedad. Sin conseguir escuchar nada coherente en las emisoras, apaga la radio e irrumpe la clase de yoga que ya había empezado, pide una disculpa por la tardanza y se pone en posición para meditar.
Su mente se pierde en la voz de la instructora, quien siempre inicia la clase con una breve meditación.
-Hoy mantendremos la intención de esta clase es la palabra: “control”.
La mente de Verónica recibe un corto circuito, que la conecta con su drama interno.
La profesora continúa hablando:
-Les pido que tratemos de pensar a través de nuestra respiración, al inhalar y exhalar, de manera pausada y consciente, para tomar el control de nosotros mismos.
-Cuántas veces hemos perdido el control de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones? Cuántas veces hemos decidido asfixiarnos y desesperarnos por no recibir una solución inmediata a nuestras dudas? Y cuántas de esas veces perdemos el control de nuestros actos con el resto?
-Hoy iniciamos esta clase con la intención de retomar ese control y una vez que conquistemos el autocontrol pongámoslo al servicio de los demás, para ser más comprensivos, escuchar a los demás. Dejemos de lado conductas egoístas donde el control sea una manera de presión o daño a nuestro entorno, tan solo por obtener un beneficio.
Verónica seguía inhalando y exhalando con sus fuerzas, mientras concientizaba las palabras de la instructora, sus lágrimas caían en sus mejillas, pues se identificaba en su totalidad. El control de sus emociones y sentimientos hace mucho tiempo habían dejado de pertenecerle.
Los días iniciaban acelerados pero a medida de que el día iba avanzando, cada minuto y cada hora se pausaba. Verónica se perdía en ese espacio con absoluta tristeza y profunda soledad. El divorcio con su esposo había sido reemplazado por la llegada de un fugitivo amor, que al ser tan volátil, trastocó su mente y su corazón, haciéndole extrañar el doble a quien se fue. Los momentos de felicidad quedaron atrás, no vislumbra un horizonte, sus actividades laborales también se habían pausado, parecía que todo había confabulado en su contra.
Mientras la profesora pedía a sus alumnos, que hagan la pose de yoga llamada “delfín” por tres respiraciones, inhalando y exhalando, decía:
-Recuerden que el nombre del juego es: control, puede que esta pose les parezca muy difícil, y eso está bien, denle la oportunidad a su cuerpo de explorar el dolor, de abrazar el caos y de respirar en él. No porque nos guste mantenerlo, sino porque sabemos que es de gran beneficio para nuestra evolución. Atrévanse a cuestionar esta situación nueva, ¿Qué aprendizaje trae a mi vida? Este sentimiento adverso o desconocido, ¿Qué me indica? La persona que no me agrada o que se fue, ¿Qué me enseñó? ¿Con qué actitud decido ver hoy mi vida?.
-Inhalen, retengan el aire en sus pulmones y suelten todo el dolor, la preocupación, la tristeza o la ansiedad, que hoy los invade, pues detrás hay una ansiedad que nos obliga a salir de esa zona de confort.
En cada ejercicio la mente de Verónica se liberaba, respondía sus inquietudes y cosía sus heridas más profundas. Ella comprendió que no había más villanos, ni responsables externos, ni siquiera había alguien o algo que pusiera en riesgo su estabilidad emocional por lo cual no era necesario sentir asfixia o ansiedad, todo era un reflejo de ella misma, pidiendo un tiempo para curarse, para retomar el control de sus emociones y dominar sus pensamientos. La vida de Verónica se detuvo para apuntar las luces del escenario a sí misma, a su cuidado, a su conocimiento, la exploración de esos sentimientos desagradables, a replantear sus límites y a organizar su mente.
Aunque era consciente que le quedaba un largo camino largo y una montaña rusa de emociones, Verónica comprendía que debía explorar, entender y enamorarse de su universo interno, con esos colores brillantes y ollos negros. Las preocupaciones, las tristezas, el depender emocionalmente de otros y hacer responsable a otros; la ponía en una frecuencia vibratoria de escasez y necesidad, donde Verónica atraía universos igual de colapsados. En cambio, el soltar y dejar que cada persona y cosa tome su lugar en un espacio y tiempo atraía una frecuencia de abundancia acorde con otros universos en iguales o más grandes condiciones. Verónica estaba a salvo y lo iba a estar por mucho tiempo, pues al entenderlo nunca más iba a ceder el poder de su control.
