Cuenta la leyenda, que décadas atrás, en un pueblo lejano en África, un anciano, cada mañana, caminaba largas distancias hasta llegar al Río Nilo. Sus zapatos rotos y su avanzada edad, no fueron impedimento para cargar un palo y dos maceteros de arcilla; colocados uno en cada lado. El macetero más viejo se trizó por el peso del agua y su constante uso.
En el camino desértico de retorno a su humilde casa, el agua se derramaba por aquel macetero agrietado. La gente del pueblo cuestionaba el acto, creía que Luis Enrique se había vuelto loco, manifestaban que “caminar kilómetros para regar agua, es ilógico”.
Los viajes diarios de Luis Enrique, con el tiempo, quedaron en pausa. La gente se preguntaba por qué había tanto polvo en sus hogares, muchos empezaron a enfermar de tos, gripe, alergias, faringitis y bronquitis. Las madres no dejaban jugar fuera de casa por temor de que se enfermen.
No existía acceso a medicamentos, los agricultores ya no tenían cosechas para alimentar ni comercializar en el pueblo, mucho menos, para generar medicina natural. Finalmente, el drástico cambio climático se llevó muchas vidas, incluida la del solitario Luis Enrique.
Con el paso del tiempo, los muertos fueron olvidados y reemplazados por nuevos sucesos. El campo desértico se hizo fértil con alimentos únicos de la zona. El agua que derramó Luis Enrique, (en sus últimos días de vida) hidrató la tierra; el viento fuerte arrancó las semillas de las plantas; y cuando se cavó, se labró y acondicionó la tierra para que germinen los sembríos.
Los aldeanos comprendieron que, muchas veces, los objetos se rompen, los procesos finalizan y las personas mueren para dar espacio a lo nuevo. Hoy aquel viejo macetero, es símbolo de la zona más fértil de África. El mismo fue restaurado y arregladas sus grietas con oro, para recordar la hermosa enseñanza de esta fábula.
En la práctica, nosotros botamos, guardamos y renovamos objetos o recuerdos. Nos esforzamos por olvidar el pasado, sin reflexionar la lección de vida que obtenemos. No nos detenemos a pensar que todo tiene un motivo y una razón. Empieza a prestar atención a esas importantes señales, fluye con el tiempo, transforma tu vida y rellena las grietas de tu corazón con oro de autocomprensión y amor.
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