Nuestro ser tiende a realizar lo mismo cada día porque se acostumbra a una rutina que convierte lo cotidiano en nuestro estilo de vida.
Una vez inmersos en este estilo de vida intentamos hacer algo nuevo, algo que queremos lograr y el resultado es que no lo logramos. Lo intentamos una y otra vez sin lograr nuestra meta, y lo asumimos como fracaso porque lo intentamos y no pudimos.
En algunos casos, lo intentamos nuevamente como si el fracaso estuviera en que no lo hemos intentado lo suficiente y emulamos el hecho de que lo que no nos permite lograrlo no es intentarlo mil veces, es el que nos hemos acomodado a realizar ciertas acciones, conductas y rutinas que son las que nos impiden lograr lo que queremos.
Que para lograr nuestras metas necesitamos cambiar algunos elementos de nuestra rutina. Tenemos que modificar nuestras acciones, porque no podemos lograr objetivos diferentes realizando las mismas acciones.
Nos convencemos, falsamente, de que lo hemos intentando lo suficiente y el resultado es que no puedo. En vez de cuestionamos si estamos realizando las acciones adecuadas para lograrlo.
Cambiar no es fácil ni simple ni sencillo. ¿Por qué? Porque esa dificultad que enfrentamos para cambiar es proporcional al tiempo que llevamos anclados en una forma de actuar.
Hemos dedicado mucho tiempo a moldear nuestra conducta de una forma determinada, con lo cual, lo que hacemos es enraizar tanto dicha conducta, que luego nos cuesta mucho esfuerzo cambiarla.
En este sentido, presenciamos internamente un lucha entre nuestra razón consciente de que tiene que realizar ciertas acciones para lograr un objetivo y esta fuerza arrolladora de lo rutinario que nos acomoda en una zona de la cual no queremos salir, y que si nos damos cuenta de que fuera de esta zona podemos lograrlo, preferimos quedarnos cómodamente sentados justificando esa comodidad con la idea de que lo intentamos.
Lo que quiero exponer es que algunas veces intentarlo una y otra vez no es tan efectivo como analizar tus acciones, lo que haces para lograr tu objetivo. Intentarlo es válido siempre y cuando el intento este sustentado por tus acciones, por tu actitud y voluntad para lograr lo que quieres.
La única forma en que se puede convertir el intento en logro es cuando tus acciones, tu conducta y tu estilo de vida están en armonía y son consonantes con tu esfuerzo. Con esta idea no estoy minimizando el valor que tiene ser perseverante, lo que quiero reforzar es que la perseverancia necesita un terreno fértil en donde cosechar su firmeza.
Una forma de cambiar es estar convencido de que quieres lograr un objetivo determinado, que tan dispuesto estás a intentarlo, si los motivos que tienes son importantes para ti, responder al por qué quiero lograrlo.
Es un camino laborioso. En donde el fracaso no dejará de estar presente, porque lo importante no es evitarlo, es que a pesar de un fracaso, te levantes y decidas hacerlo nuevamente. Cuando lo intentes lo tienes que hacer convencido de que vas a ser capaz de lograrlo, que si no, ni te molestes en intentarlo.
Lograr nuestras metas, objetivos y propósitos no sólo dependen de intentarlo. También están sujetos a nuestras acciones, a nuestro estilo de vida y a nuestra disposición a dejar de estar cómodos en la zona de confort, a nuestra actitud de salir a lograrlo, entonces, intentarlo es puede ser un camino para lograrlo.
El gigante está dentro de ti, sólo tienes que despertarlo.
Despierta! A la Vida!