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La historia del miedo

El miedo es una emoción primaria, característica de los seres vivos. Se identifica ante una situación de peligro, su sensación dura a través del tiempo (pasado, presente y futuro). Su máxima expresión es el terror y se lo relaciona con la ansiedad. 

El miedo históricamente ha causado creencias limitantes en nuestra vida.

Según la historia, hace 6000 años, alrededor de 14 personas, el faraón, sus ministros y arquitectos utilizaron el miedo para esclavizar a 150.000 egipcios, quienes terminaron sus días arrastrando piedras con un peso aproximado de 12 toneladas, a lo largo del desierto del Sahara con el fin de construir la Gran Pirámide. 

El miedo no era algo tangible, era relacionado con un dios vengativo de universo perverso, que fomentaba amenazas de desterramiento y abandonos a la deriva; por miedo los padres entregaban a sus hijas para que sean quemadas por brujas y a sus hijos para ser sacrificados en un altar, o en las trincheras de Verdún.

En el año 1000 un grupo de jóvenes de la Isla de Bora Bora, cansados de los sacrificios humanos, cargaron un barco con comida y animales y se hicieron a la mar, donde navegaron 22 días enfrentando sus temores, sin saber a donde iban, hasta encontrar unas islas deshabitadas a las que llamaron Hawaii. En este lugar, se prometieron que nunca más habrían sacrificios humanos y establecieron la normativa de honrar a Dios con flores.

Esta historia ha llegado a nuestros días con la enseñanza de que el miedo puede ser muchas veces paralizante. Nos impide pensar, razonar y enciende alarmas de terror que nos inmovilizan sin capacidad de reaccionar.

Otro escenario se desarrolló en el año 845  en Francia, donde los vikingos derrotaron con facilidad a todas las tropas que les envió el Rey Luis.

El ejército del Rey tenía una ventaja de 10 a 1, pero se corrió la voz de que los vikingos no conocían el miedo. Eso no era así, lo conocian, pero no lo fomentaban; pues consideraban que el miedo lleva a la servidumbre, la obediencia y la esclavitud. En palabras de Ragnar, ese era un destino mucho peor que morir en batalla.

Si tomamos estos dos ejemplos, podemos afirmar para nuestro crecimiento personal, que el miedo debe ser evaluado y racionalizado, con el fin de identificar si se trata de una verdadera amenaza o representa la alucinación de un estímulo.

El miedo que hoy sentimos, es un miedo arraigado en nuestro genes, que se dispara ante varias situaciones personales y representa un gran aprendizaje. 

 

En Despierta con Gustavo Eduardo te lo ejemplificamos a continuación:

Es evidente, muchas veces tenemos un miedo arrasador a vivir, si no lo enfrentamos no podemos crecer, avanzar y coexistir. Atrévete y por hoy, ¡No tengas miedo!

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