El poder de nuestra palabra

Las palabras que utilizamos a diario, no sólo son un sistema de comunicación, sino que también crean nuestra realidad. Según lo explican Richard Bandler y John Grinder creadores de la programación neurolingüística (PNL), existe una conexión entre los procesos neurológicos, el lenguaje y los patrones de comportamientos que se aprenden a través de la experiencia. 

Actualmente, existen algunas corrientes de pensadores que consideran que la percepción del mundo está filtrada por el lenguaje, de ahí radica la importancia de prestar atención a cómo nos expresamos de nosotros mismos, pues constantemente estamos codificando nuestra realidad y estado emocional.  

En tal sentido, el autor japonés Masaru Emoto, a través de un experimento, afirmaba que las oraciones, palabras afirmativas y/o negativas influyen en los cristales que se forman en el agua, bajo esta premisa si consideramos que nuestro organismo tiene un 80% de agua. Las palabras afectan al correcto funcionamiento del organismo.

En diversas situaciones de nuestra vida, la carencia se ha filtrado en nuestras conversaciones y las manejamos a diario sin ser conscientes de lo mucho que influyen en nuestra mente. Estas palabras cotidianas pueden ser:

  • Poco a poco: Cuando empezamos un proyecto afirmamos: «avanzaremos poco a poco». Sin tomar conciencia de que “poco” significa <escaso>. 
    Se puede afirmar: «Lo haremos paso a paso.» Es más edificante, construye un cuadro mental de más fuerza, que abre un universo de posibilidades.
  • Necesito: Es una palabra de carencia pues das tu poder de acción a otra persona o cosa; ajena a ti: “necesito dinero, necesito un abrazo, necesito que me quieras”
    Se puede afirmar: “Quiero mejorar, quiero apoyo, quiero un cambio”. Estas palabras las hace desde una posición activa y de voluntad.
  • Voy a tratar: Es una frase que implícitamente llama al fracaso en el intento de iniciar, intentar o negociar.
    Se puede afirmar: “Lo haré”. Es una orden que damos a nuestra mente para actuar.
  • Vale la pena: Hablamos de un vocabulario de pobreza, tristeza o angustia.
    Se puede afirmar: “Vale el esfuerzo, vale la satisfacción, vale la alegría”.
  • En la lucha: Es una respuesta que damos cuando nos preguntan: ¿Cómo estás? Esta afirmación inconsciente de ir contra lo difícil, contra obstáculos. 
    Se puede afirmar: ¡Estoy excelente!,* *¡Me siento increíble!,* *¡Genial con la bendición de Dios!,* o cualquier otra afirmación positiva.

La intención que damos a nuestras palabras hacen magia en nuestra vida, recordemos que una palabra es un pensamiento hablado. Un pensamiento es una palabra en silencio. Las palabras son poder, energía creadora, pues crean ideas, crean sensaciones y sentimientos.

Las palabras son semillas que manifiestan la pobreza mental de quien las expresa mediante su vocabulario, debemos cambiar nuestros códigos mentales para proyectar la vibración positiva y la abundancia que deseamos atraer a nuestra vida.

Recuerda que las Escrituras dicen:

¡De la abundancia del corazón, habla la boca!

La palabra es el pilar de tus decretos.

 

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