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Abundancia de Vida

Ángela, a sus 72 años de vida, se sentía con la vitalidad de una mujer de 30, bailaba con su esposo Francisco, al compás de las notas musicales de todas las canciones, cantaba a todo pulmón y sonreía. 

Ese día de celebración especial, era por la boda de su hijo menor, Thomas, quien contrajo nupcias con Carolina. Una chica hermosa con quien sostuvo un noviazgo desde la universidad.

Los invitados estaban asombrados por la alegría de Ángela, conocidos y extraños, compartían con “el alma de la fiesta”, quien se robaba la atención de los recién casados. Tras esa persona amable de amplia sonrisa, bajo ese traje impecable, esos tacos altos dorados y esa pulcritud de maquillaje facial como de su manicure y pedicure; se ocultaba una gran larga historia de vida.

Con apenas 10 años, Ángela abandonó la casa de sus padres y viajó a otra ciudad. La pobreza tocó más de una ocasión su puerta, la guerra llegó para llevarse a su padre. Un militar que dejó en la orfandad a 14 niños, incluida ella. Su madre, una artesana que tejía sombreros de paja, sin tener otro remedio, exigió a sus hijos a trabajar para mantener a los hijos más pequeños.  

Lejos de casa, Ángela, conoció a su primer amor quien le ayudaba con el trabajo en una panadería, mientras ella se encargaba de limpiar, lavar y planchar en la casa de la dueña de ese negocio. Ella seguía enviando su sueldo a su madre y hermanos; ajustando mes a mes poco dinero para sus necesidades básicas. 

Luego de 6 años de noviazgo, Ángela quedó embarazada de su primer hijo y perdió su empleo. La dueña de la panadería no quiso “hacerse cargo de una boca más que alimentar” y no tuvo otra opción que regresar a la casa de su madre, donde perdió el contacto con el padre de su hijo, tanto por la distancia como por los escasos medios de comunicación, en 1942.

La situación de Ángela se estabilizó hasta que nació su hijo Jorge, a quién dejaba a cargo de su madre para poder trabajar en una imprenta de libros cercana. Una noche, al volver del trabajo, su hijo sufrió su primer ataque de epilepsia, situación que no mejoró con los días y murió al tratar de ser ingresado en el Centro de Salud, que estaba a 2 horas de distancia. Esta experiencia marcó la vida de Ángela para siempre.

Las constantes pérdidas en su vida, la llevaron a alejarse de su hogar, por segunda y definitiva ocasión, endureciendo su corazón, pasando a ser una mujer enfocada al 100% en emprender negocios. 

El primero, fue un local pequeño, con tres mesas, una cocina a gas, un exhibidor con postres, alacenas con pan y varias ollas con café. El olor y sabor de todos sus productos, se convirtieron en la mejor publicidad para los cientos de transeúntes que pasaban por la esquina del Centro Histórico.

Carlos un cliente de tiempo atrás, empezó a frecuentar la cafetería con la excusa de servirse un café, una pastel o panecillos para llevar. Él aprovechó esos pretextos para alargar sus conversaciones hasta el cierre. Ángela empezó a acostumbrarse a su compañía, y cuando no llegaba sentía, extrañeza y preocupación. 

Las visitas de Carlos se empezaban a cargar de sentimientos y demostraciones de cariño y, esta vez, era Ángela la que no se atrevía a dar el siguiente paso, al recordar su pasado se ponía un escudo imaginario y rechazaba cualquier posibilidad de futuro. Carlos no insistió más y decidió tomar distancia ante su actitud fría y calculadora.

Con el paso del tiempo, aun apenada por el fin de las visitas de Carlos, llegó un nuevo cliente a la cafetería de Ángela; Francisco, un médico practicante en el área de niños, la cautivó con su presencia física, inteligencia y buenos modales. 

Las experiencias del pasado volvían a su mente, era un constante torbellino emocional, que sólo atraía lo que ella más temía, alejamientos y fin de sus relaciones sociales. Esas emociones se empezaron a manifestar en sueños, sentía como un espiral le absorbía desde su  centro, sintiendo dolor y repitiendo, una vez tras otra, escenas del pueblo de su niñez, de ese pueblo que le quitó a su padre y su hijo. Ese fuerte dolor, no se quedó en otras ciudades, ni en la pérdida de contacto con el papá de su hijo fallecido,  o en el olvido de Carlos. Se quedó en donde ella no podía escapar, en el lugar al que siempre debía volver; en su mente y corazón.

Los pensamientos se evidenciaron en su carácter, en el trato con sus clientes y empleados, en su salud física y mental, hasta en el descuido de su alimentación. Ángela debía alejarse de ese precipicio de recuerdos y sentimientos negativos que le producían tristeza e insatisfacción personal, pues esa no es la vida que ella escogió vivir; fue la que le tocó donde asumió grandes responsabilidades desde su corta edad.  Las pesadillas la despertaban en medio de la noche, pese a no querer pensar en ello y rechazar sus recuerdos. Ella sentía que la vida se le estaba pasando en frente, sin tener la fuerza de controlarla.

Ángela quería parar, sin saber cómo hacerlo. Una tarde, prestó atención a los comentarios de un grupo de médicos, quienes planeaban una fiesta de bienvenida a uno de sus colegas, quien llegaba al país, luego de hacer un doctorado en terapia social y, es ahí, donde Ángela tomó la decisión de pedir apoyo psicológico.

En las conversaciones con su terapeuta surgieron otras dudas, que le invitaron a buscar otra clase de conocimiento, la meditación, la lectura y una mejor alimentación, fueron adaptándose, poco a poco, a la vida de Ángela, brindándole esperanza, ilusión y ganas de volver a retomar las riendas de su vida.

Con el tiempo, su abundancia, no era solo financiera, se sentía completa y libre de ataduras, donde aceptó todas las señales de abundancia. Las invitaciones de Francisco fueron más frecuentes ante su cambio de actitud. Las invitaciones a paseos, el teatro e ir a reuniones sociales, le llevaron a compartir junto a él una vida entera, llena de múltiples y abundantes opciones para vivir y repetirlas. Ángela y Francisco tuvieron dos hijos y mucho amor por dar y recibir, juntos comprendieron las múltiples opciones que recibían de la vida cuando lo que dices y piensas viene acompañado de acciones coherentes que se conectan con lo que sueñas. 

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