Un pequeño mono que vivía en la Amazonia entre Colombia y Ecuador, luego de comer hasta quedar totalmente saciado, empezó a cerrar sus ojos saltones verdes. Sofocado por el calor entre sombras y sonidos lejanos desde el cielo, varias aves lo observaban.
El sonido ensordecedor lo levantó de un brinco, aquellas aves volaban majestuosamente. El mono aun con su boca abierta, no las podía dejar de admirar. Así que se atrevió a ha hablar con ellas:
– Aves, ustedes son tan hermosas, sus amplias alas, su libertad de desplazamiento, sus hermosas plumas y el sonido con el que se comunican; genera envidia en mi.
Las aves respondieron a carcajadas:
– ¿Envidia de nosotras? No sabes lo cansado que es migrar de un lado a otro sin encontrar qué comer. Los otros seres vivos nos juzgan, porque comemos carroña. ¿Mono has mirado al pavo real? Ese si es un ave que admirar y envidiar. Miles de personas se juntan para verlo caminar.
El mono en su curiosidad, se acercó al pavo real y lo miró, mientras pensaba cuánta razón tenían esas aves de rapiña. No quiso pasar un minuto más sin acercarse a decirle:
– Pavo real, eres simplemente hermoso, tus amplias alas, tu libertad de desplazamiento, tus hermosas plumas; generan envidia en mi y en muchas otras aves.
El pavo real risueño responde:
– ¿Envidia de mí? No sabes lo cansado que es llevar este plumaje, con este calor. La gente me persigue y molesta con el afán de ver mis plumas, tomarme fotos y no darme de comer. ¿Acaso no te has visto a ti mismo mono?
– ¿A mi mismo?-, responde asombrado el mono.
– Si, tienes pelo corto, vives en un árbol con la brisa de la mañana y la tarde, por tu tamaño puedes desplazarte de árbol en árbol y elegir tu comida. Te aseguro que en mi generas envidia.
El mono luego de aquella conversación empezó a mirar sus manos, su silueta en la sombra de aquel hermoso atardecer, miro los árboles y lo alto que podía trepar. En ese momento, empezó a valorar lo que tenía, pensó que desde pequeño creció con el imaginario de que su vida era limitada y miserable, siempre admiraba a alguien más, que no era él.
El mono no se permitía evolucionar en pensamiento, en conocer otros espacios y realidades, en socializar con otros seres de la naturaleza, no conocía de otros colores, ni de lo inmenso que es el cielo si lo miras desde la copa de un árbol, pues su paupérrimo proceder le limitaba. En su vida se acostumbró a hundir su cabeza en su abstracta manera de pensar y actuar, con comparaciones y envidias hacia otros, que solo le generaban absoluta tristeza y frustración. El mono, nunca antes se había permitido soñar y luchar por alcanzar sus propias metas, vivía de la realidad del otro.
Luego de este momento de reflexión el mono decidió amarse como era, sacudirse de aquellos resentimientos que el mismo genero y valorar lo que representaba en ese gran ecosistema. Sacudió su cabeza de todo lo malo y a cambio invirtió esa energía en ayudar a otros animales a conseguir alimentos de lo más alto de los árboles, intercambiando por delicias de la tierra.
El mono evolucionó en actuar, sentir y pensar desde el lugar más complicado de entender, su interior; con la certeza de ser parte de la solución mediante su inclusión y aceptación.
