Hay una canción que no pide permiso para existir.
Dalla Dalla, de ITZY, empieza exactamente así: soy diferente. No como disculpa. No como advertencia. Como un hecho innegociable.
La primera vez que la escuché, algo en mí se movió, porque en esas dos palabras “soy diferente” tienen el poder de la canción.
Yo también aprendí a doblarme
Durante mucho tiempo, yo fui muy bueno acomodándome a ser lo que los demás querían de mí.
Si estaba con alguien que pensaba diferente a mí, callaba. Si había una opinión en la sala que podía incomodar, la mía se quedaba adentro. Si alguien esperaba que yo fuera de cierta manera, yo encontraba la forma de serlo o, al menos, parecerlo.
No lo hacía con mala intención. Lo hacía porque en algún momento aprendí que ser yo mismo tenía un costo. Que mi manera de ver las cosas era demasiado intensa, demasiado distinta, demasiado incómoda para ciertos espacios.
Así que aprendí a reducirme. A postergarlo. A decirme que ya después sería yo mismo, cuando fuera el momento correcto, cuando el entorno fuera más seguro, cuando hubiera menos en juego.
El momento correcto nunca llegaba, porque el problema no era el entorno, era que yo había dejado de creer que mi versión real era bienvenida en ningún lado.
Lo que veo en las mujeres que llegan a mis sesiones
Cuando trabajo con mujeres en procesos de transformación interior, una de las historias que más se repite es la historia de alguien que, durante años, fue siendo menos.
Menos ruidosa. Menos intensa. Menos exigente. Menos ella. El resultado es siempre el mismo: una mujer sentada frente a mí que siente que algo en ella está roto, cuando en realidad lo que está roto es la historia que le contaron sobre quién debería ser.

Por qué Dalla Dalla es más que una canción
ITZY está cantando sobre algo profundo como el derecho a existir sin pedir permiso por cómo eres.
Dalla Dalla en coreano significa ‘diferente, diferente’ , una afirmación doble, sin matices, sin espacio para la negociación. No dice “soy un poco diferente” ni “soy diferente pero lo estoy trabajando”. Canta “soy diferente” y punto.
Esa contundencia es exactamente lo que le cuesta tanto a las personas que han pasado años doblándose. No es que no sepan quiénes son, es que han practicado tanto la versión reducida de sí mismas, que la versión real, les parece demasiado grande, demasiado arriesgada, demasiado expuesta.
Cantar “soy diferente” como un hecho y no como una disculpa requiere haber decidido que tu diferencia no es lo que está mal en ti, es la que te hace ser tú misma.
El momento en que dejas de negociar quién eres
Hay un punto en el proceso de transformación interior que reconozco siempre. Es el momento en que les pregunto cómo pueden ser más aceptable y empiezan a preguntarse qué han estado escondiendo.
Es un giro pequeño en la pregunta que cambia todo, porque cuando dejas de enfocarte en cómo encajar mejor y empiezas a preguntarte qué has estado suprimiendo, aparecen cosas que llevan mucho tiempo esperando ser vistas.
Una manera de hablar que callaste. Una opinión que tragaste. Una necesidad que aprendiste a no tener. Una parte de ti que decidiste que era demasiado para los demás.
Y ahí, en ese reconocimiento, es donde empieza el regreso a ti misma. No como un proceso tranquilo ni ordenado, sino como un despertar que duele siendo el único camino posible de vuelta a casa, a quién eres.

Ejercicio: Lo que has estado escondiendo
Antes de las preguntas para tu diario, busca un momento de silencio en que puedas estar contigo sin que nadie te necesite.
Escribe, sin corrección, sin buscar la respuesta bonita, lo que salga primero.
No hay respuestas correctas. Hay respuestas honestas. Y a veces la honestidad necesita papel y bolígrafo para atreverse a aparecer.
Dalla Dalla — Soy Diferente
ITZY lo canta como lo que es, un hecho. No una disculpa. No una advertencia.
Y tú, que llevas años perfeccionando el arte de ser lo que el entorno necesita, mereces escuchar esto:
Tu diferencia nunca fue el problema, fue la solución que el mundo todavía no sabía que necesitaba. No tienes que volverte más aceptable. Tienes que volverte más tú.
¿Qué parte de ti has estado escondiendo?
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