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La sabiduría del Universo

En aquella pequeña casa de paredes blancas y techo de teja. Se encontraba la amable viejita Marujita, risueña y siempre con una palabra de aliento; abrió esa pesada puerta y recibió con un cálido abrazo a Carla, quien decidió salir de la ciudad y desconectarse del ruido de la ciudad y de las múltiples ideas que rondaban su cabeza.

Luego de una larga conversación y risas, Marujita descifró la profunda tristeza en los ojos de Carla, quien le dijo:

-Nada de lo que he pedido al Universo, me ha sido concedido, y es que todavía no lo comprendo.  Le pedí al Universo que me quitará mi orgullo. Y dijo: NO.

Marujita le respondió:

Es que no es algo que pueda quitarse. Es algo que debes superarlo por ti mismo.

Carla continúo:

Pero, también le pedí al Universo que me concediera paciencia.

La paciencia es fruto de la adversidad; no se concede, se conquista, dijo la viejita.

-Le he pedido al Universo que me diera Felicidad.

-Hija, la felicidad tan solo depende de lo que tu elijas y eso hace creer en tu poder y potencial, sin enfocarte en tus debilidades. Amándote a ti mismo, y solo así podrás comprender lo que afuera pasa, como un florecimiento de adentro hacia fuera.

Carla un tanto avergonzada por la sabiduría de las palabras de la señora Marujita, sonrojada sonrió, la abrazó con unas cuantas lágrimas en los ojos y sintió con gratitud las enseñanzas de ese momento.